15/12/2022 a las 15:19

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Los expertos piden más investigación y alertan: la enfermedad reduce 2,6 años la esperanza de vida y es responsable del 9,7% del gasto sanitario: por cada euro invertido en la prevención se recuperarían seis.

La obesidad se ha convertido en una nueva pandemia. Así se ha expuesto esta mañana en Madrid. La Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) han vuelto a unir fuerzas para poner sobre la mesa datos que hablan de una epidemia, también en España que se sitúa a la cabeza de Europa, con tasas de exceso de peso (sobrepeso y obesidad) superiores al 60%. Los especialistas piden más investigación, critican las largas listas de espera para la cirugía bariátrica en la sanidad pública y, también, que ese sistema sanitario no financie fármacos que han demostrado ser eficaces para combatir la enfermedad. Entre las líneas de investigación más prometedoras, avanzaron los especialistas, están las centradas en el tejido adiposo pardo (o marrón), un lugar del organismo donde se ‘queman’ calorías procedentes de la dieta.

Rueda de prensa conjunta en Madrid de la SEEDO y la SEEN en torno al Día de la Obesidad. Datos interesantísimos los que han trasladado los expertos que han llamado la atención sobre la importancia de la investigación en este campo. La investigadora Gema Medina-Gómez, profesora y coordinadora del Grupo de Trabajo de Investigación Traslacional en Obesidad de la SEEDO, ha resaltado cómo investigar en torno a una enfermedad que ya tildó de «nueva pandemia» es fundamental para poder llegar a un diagnóstico precoz, evitar otras enfermedades asociadas (diabetes, hígado graso, enfermedad renal y cardiovascular, e incluso varios tipos de cáncer) y para desarrollar futuros tratamientos.

En la misma línea se pronunció la doctora Irene Bretón, presidenta de la Fundación de la SEEN (FSEEN) y miembro del Comité Gestor del Área de Obesidad de esta sociedad. «Algunas personas aún siguen considerando que la obesidad se produce únicamente por un estilo de vida inadecuado y que es una responsabilidad exclusiva de la persona que la padece», señaló y ese desconocimiento de la obesidad como enfermedad, de los múltiples factores que influyen en su desarrollo y en su mantenimiento, «condiciona que aún no se le preste a la investigación en obesidad la importancia que merece”, afirmó.

Los avances en los últimos años son muy alentadores: tratamientos más eficaces y seguros y cirugía bariátrica con mejores resultados.

Los avances en los últimos años son muy alentadores: se dispone de tratamientos más eficaces y seguros y, para los casos más graves, de técnicas de cirugía bariátrica con mejores resultados a largo plazo. Eso sí, la médico censuró las largas listas de espera en la sanidad pública para acceder a esas cirugías y, en el caso de los fármacos, que no esté contemplada su financiación por el Sistema Nacional de Salud.

Son las personas con menos recursos las que más altas tasas de obesidad presentan entre la población española.

La misma sociedad científica alertaba recientemente que actualmente existen en España varios fármacos comercializados para combatir la obesidad pero el que es más eficaz -se conoce como liraglutida, reduce considerablemente el apetito y da una sensación de saciedad- no está financiado por la sanidad pública -pese a que cuenta con el visto bueno de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés)- y cuesta 300 euros al mes. Un problema, añadieron los especialistas, ya que son precisamente las personas con menos recursos las que más altas tasas de obesidad presentan entre la población española.

Los datos de España

Los médicos también pusieron sobre la mesa datos alarmantes. La situación de la obesidad en España «es muy preocupante». Nuestro país se sitúa prácticamente a la cabeza de Europa, con tasas de exceso de peso (sobrepeso y obesidad) superiores al 60%. El doctor Gilberto Pérez, miembro del Área de Obesidad de la SEEN, citó un reciente estudio entre familias españolas para valorar el impacto de la pandemia en la obesidad infantil y en la adolescencia que determina que las principales causas del repunte son el mayor tiempo ante pantallas (ordenador, móvil, tabletas electrónicas) y el menor tiempo de actividad física (30% de los niños pasan menos de 1h diaria al aire libre).

Se traduce, dijo el especialista, en que aproximadamente el 72% de los niños y adolescentes realiza menos actividad física que antes de la pandemia. Para revertir esta situación, el médico pidió medidas para incentivar la actividad física entre los más jóvenes. El endocrino pediátrico pidió un plan nacional para luchar contra la obesidad infantil. Un problema que, dijo, se enfoca en los adultos, «cuando la historia de la obesidad empieza mucho antes, en el propio embarazo». Los primeros años de vida, dijo, exponen al niño a una serie de factores que marcan su riesgo de ser obeso a futuro. Pidió «no estigmatizar a los adolescentes y sus familias» que luchan contra esa enfermedad crónica.

Investigaciones punteras

En cuanto a las líneas de investigación, abarcan diferentes factores: genéticos, el balance energético (la ingesta y el gasto metabólico), la fisiología y fisiopatología del tejido adiposo y cómo se relaciona e influye en otros órganos y tejidos, o el papel de la microbiota, citaron los expertos. De especial interés resulta la investigación sobre la activación de la grasa parda como nueva diana en el tratamiento e incluso en la prevención de la obesidad.

Además, se considera que la inversión en investigación puede tener un efecto positivo también a nivel socioeconómico. En España la obesidad reduce en 2,6 años la esperanza de vida y es responsable del 9,7% del gasto sanitario. Un estudio sugiere que por cada euro invertido en la prevención de la obesidad en nuestro país se recuperarían seis. España es un país de referencia mundial en la investigación de la obesidad, con investigadores que son reconocidos internacionalmente y con trabajos publicados en revistas de alto impacto. Sin embargo, como denunció Gema Medina, «el esfuerzo de esos investigadores es máximo con la poca financiación que se destina a investigación en este país».

Entre las más prometedoras, las centradas en el tejido adiposo pardo (o marrón). Según explicó el investigador Francesc Villarroya, catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Barcelona se trata de un lugar del organismo donde se «queman» calorías procedentes de la dieta. Aunque inicialmente se consideró que el tejido adiposo pardo sólo servía para producir calor y para mantener la temperatura del cuerpo en condiciones de frío ambiental (la grasa parda se activa con el frío), ahora se sabe que también es un sistema de protección para eliminar (quemar) el exceso de alimentos que ingerimos con la dieta y evitar que se depositen en exceso en forma de grasa blanca (obesidad).

Otra línea de investigación pasa por profundizar en el estudio de los efectos saludables de la grasa parda.

A la luz de esas investigaciones, para Villarroy «activar la grasa parda daría lugar a una prevención en el aumento de peso, e incluso permitiría disminuir el peso de una persona con obesidad». Por eso, se está tratando de encontrar cómo incrementar la activad del tejido adiposo marrón. Hasta el momento, ha explicado, todos los intentos de hacerlo con fármacos han tenido el problema de que, si bien es factible activarla, se generan bastantes efectos secundarios indeseables a nivel cardiaco.

Otra línea de investigación pasa por profundizar en el estudio de los efectos saludables de la grasa parda. Un estudio reciente, llevado a cabo en Estados Unidos con cerca de 150.000 pacientes, ha mostrado que, además de proteger frente a la obesidad, los individuos con grasa parda activa muestran protección frente a diabetes y a enfermedades cardiovasculares (desde el infarto al ictus); un efecto beneficioso que no se explica sólo por el hecho de ser más delgados.

El investigador desglosó que se cree que el tejido adiposo pardo libera a la sangre factores hormonales (las denominadas ‘batoquinas’), que ejercen una acción saludable sobre el sistema cardiovascular. Identificar cuáles son y cómo actúan estos factores hormonales es una línea de trabajo interesnate, añadió, ya que se podrían utilizar en un futuro como herramientas de tratamiento y prevención de enfermedades graves y muy frecuentes en el paciente con obesidad.

En la práctica cotidiana hay dos formas de incentivar la actividad de la grasa parda que, aunque no son «milagrosas», dijo el profesor, pueden contribuir: el ejercicio físico que, aparte de sus múltiples efectos beneficiosos (aumenta el gasto energético por sí mismo, mejora el estado metabólico e inmunológico), promueve la activación de esa grasa y cuidar el entorno térmico como factor de riesgo obesogénico o, en otras palabras, el ambiente que estimula hábitos y comportamientos que conducen al exceso de peso.Las temperaturas altas, señaló el investigador, bloquean la actividad de la grasa parda, por lo que se recomienda aumentar la actividad al aire libre y moderar las temperaturas ambientales interiores. «Las altas calefacciones y la falta de actividad al aire libre se consideran cada vez más parte del ‘ambiente obesogénico’ de nuestra sociedad», apuntó Villarroya.



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