19/12/2022 a las 08:00

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Pablo Picasso sostenía que si la inspiración existe, le encontraría trabajando; Albert Einstein explicó que en este mundo solo existen dos cosas infinitas: la estupidez humana y el universo, sin estar seguro de lo segundo; Coco Chanel nos mostró que la sencillez era la clave de la elegancia; Humphrey Bogart nos demostró que un hombre podía decir adiós a la mujer de su vida en un aeropuerto, mientras permitía que ella se fuera con otro.

John Lennon nos contó que la vida es aquello que pasa mientras haces otros planes; Marylin Monroe nos previno de que puede pagarnos mil dólares por un beso y cincuenta centavos por nuestra alma; Mick Jagger nos recuerda que los viejos rockeros nunca mueren; Muhammad Alí flotó como mariposa y picó como una abeja. Freddie Mercury nunca supo leer las señales porque era consciente de que demasiado amor le mataría; Mike Tyson nos advirtió que todo el mundo tiene un plan hasta que recibe el primer puñetazo; y Rafa Nadal nos enseña que imposible es una opinión y no un hecho, porque la palabra imposible no está en su diccionario y así es como se gana.

Iconos, mitos y símbolos. Más que un póster en nuestra habitación. Recuerdos de nuestras vidas. Fragmentos de nuestros sueños. Dioses inmortales que siempre formarán parte del panteón sagrado que alojamos en nuestros corazones. Desde hoy, Leo Messi ingresa en ese selecto club.

Ha honrado el cuento de un cebollita que soñaba jugar un Mundial y debutar en Primera, ha recibido esa herencia y la ha sublimado, ha sido Maradona todos los días y como Diego, ha llenado de orgullo el corazón de un país consumido por la inflación, rendido a su zurda atómica. Messi, en su permanente capacidad para trasladarnos al barrio y devolvernos a la infancia, nos ha hecho felices.

Su fútbol, auténtico arte, ya es eterno. Su leyenda es la rutina de lo extraordinario. Su talento, una obra de arte inagotable. Decían que era un ‘pechofrío’, que no era un líder, que no tenía rebeldía y que nunca sería el más grande porque jamás ganaría un Mundial. La verdad es que Messi se echó el país a su espalda, maradoneó durante toda la Copa del Mundo y dejó retratados a los envidiosos que se pasan la vida retratando a los demás.

Lo buscó, lo mereció y lo consiguió. “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar, quiero ganar la tercera, quiero ser campeón mundial”. D10S es un fenómeno que no se puede explicar y del que solo se puede disfrutar. Es argentino, pero es de todos. Su fútbol no entiende de nacionalidades, banderas y fronteras. Es patrimonio de la Humanidad. Nunca veremos nada igual. Si Elvis fue el ‘rock’, si Einstein fue la ciencia, si Picasso fue la pintura y Alí fue la perfección, Leo Messi es el fútbol. 



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