28/12/2022 a las 19:12

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El presidente francés se ha desmarcado de sus socios europeos al apostar por una solución negociada al conflicto, pero sin apenas resultados | El ministro de Defensa de Francia, Sébastien Lecornu, viajó este miércoles a Kiev

El ministro de Defensa francés, Sébastien Lecornu, viajó este miércoles a Ucrania. Allí se reunió brevemente por la tarde con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Un encuentro mantenido como una «señal de confianza» entre Ucrania y Francia, indicaron desde Kiev. Desde el inicio de la invasión rusa el 24 de febrero, las autoridades galas se alinearon con el resto de los países de la Unión Europea y la OTAN a la hora de aplicar numerosas sanciones económicas contra Rusia y contribuir en la importante ayuda militar al ejército ucraniano. París organizó el 13 de diciembre una cumbre internacional en que se recaudaron cerca de 1.000 millones de euros de donaciones para ayudar a Ucrania a resistir al invierno.

Si solo fuera por los hechos, la posición de Francia se asemejaría a la de un aliado voluntarioso. Resultaría bastante parecida a la de la mayoría de países del bloque occidental, liderado por Estados Unidos. Sin embargo, las declaraciones del presidente Emmanuel Macron han generado malestar en más de una ocasión en Kiev y otras capitales del este de Europa. El dirigente centrista no solo se ha esforzado en mantener abierta una vía de interlocución con Vladímir Putin, sino que también ha desconcertado a dirigentes ucranianos, polacos o bálticos, que apuestan por una resolución del conflicto sobre el campo de batalla.

Garantías de seguridad a Rusia

«¿Qué estamos dispuestos a hacer para aportar garantías para su propia seguridad a Rusia el día en que regrese a la mesa de negociaciones?», se preguntaba Macron, el pasado 3 de diciembre, en una entrevista para la cadena francesa TF1 desde Estados Unidos. «Uno de los puntos esenciales es el miedo que la OTAN llegue hasta sus puertas, es el despliegue de armas que puedan amenazar a Rusia», añadía. 

Estas palabras ulceraron a más de un dirigente en Kiev, pero también en Varsovia, Riga, Vilna o Bucarest. «¿Alguien le quiere aportar garantías de seguridad a un Estado terrorista y asesino?», le respondió el secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa ucraniano, Oleksi Danilov. No era la primera vez en que unas declaraciones de Macron irritaban a sus aliados del este. En primavera, ya había dado que hablar su advertencia de que «no se debía humillar a Rusia«.

El presidente francés ratificó la semana pasada su posición de equilibrista, más moderada, al menos en público, que la mayoría de sus socios europeos. «Siempre he sido muy claro para decir que no pensaba que este conflicto pudiera terminarse únicamente por la vía militar», declaró a Le Monde y otros medios internacionales durante un viaje de vuelta tras una visita en Jordania. «Sé que algunos defienden la estrategia que consiste en decir que la única solución sería la destrucción de una de las dos partes. (…) Pero todos aquellos europeos y occidentales que me dan lecciones de moral deberían explicarme con quién se sentarían a negociar. No me apetece que sean los chinos y los turcos los únicos que negocien el día de mañana», añadió.

Una posición minoritaria

Durante los 10 meses de conflicto, Macron ha destacado por sus matices respecto a la posición de Estados Unidos y la OTAN de que Kiev debe combatir «hasta el último ucraniano». El presidente francés ha reivindicado que «negociar no significa renunciar«, pero no ha querido molestar a Kiev al insistir en que debe ser «el Gobierno ucraniano el que fije sus condiciones de negociación».

Teniendo en cuenta la situación actual del conflicto, con un frente casi petrificado desde hace semanas y convertido en una guerra de trincheras con drones, con un desenlace más que incierto, la apuesta de Macron de organizar tarde o temprano una mesa de negociación no parece del todo descabellada. Además, cuenta con el apoyo mayoritario de la población de su país. El 70% de los franceses respaldan que la guerra concluya con una paz negociada entre Ucrania y Rusia, según un sondeo reciente publicado en el Journal du Dimanche.

Sin embargo, como suele suceder con la diplomacia macronista, se debe distinguir entre las palabras y los hechos. Sus esfuerzos por no romper los puentes con Moscú no aportaron grandes resultados. Las autoridades rusas no solo no mostraron ningún indicio de querer negociar —una posición parecida a la de los ucranianos—, sino que también desconfían de Macron como posible intermediario, al considerarlo demasiado afín a Kiev y Washington.

Además, esta posición más equilibrada irritó a sus socios del este de Europa. Resultó contraproducente de cara a ganar peso en una UE en que el presidente francés pretende erigirse en su principal líder tras la retirada política de Angela Merkel. De hecho, en primavera tanto en la opinión pública rusa como la ucraniana se utilizaba la expresión «macroner» para referirse a alguien que «habla mucho para no decir gran cosa». Una anécdota, irónica pero también significativa, de las dificultades de Macron para tener un papel parecido al de su predecesor Nicolas Sarkozy en la resolución de la guerra de Georgia en 2008.

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