19/12/2022 a las 10:55

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Messi, Scaloni, el factor emocional, la hinchada y el acierto del ‘Dibu’ ayudan a explicar el triunfo de la albiceleste en Qatar

El ’10’ acaparó todas las portadas tras los partidos de Argentina, pero obviamente, no ganó el Mundial en solitario

Situada entre las favoritas antes de arrancar el torneo, la selección argentina conquistó en Doha su tercer título mundial. Lo hizo de una forma que rozó la épica en algunos momentos, con dos tandas de penaltis y tras arrancar perdiendo su primer partido. Algunas de las claves que explican su triunfo son las siguientes:

El factor Messi

Todo parecía preparado en Doha para que Messi alzase por fin un título mundial. Tras perder la final de 2014, el Mundial le concedía otra oportunidad, a sus 35 años. La aprovechó. Leo no solo fue el jugador diferencial del torneo, también fue más líder que nunca.

Sus números abruman: en Qatar se convirtió en el jugador con más partidos y más minutos en la historia del torneo, marcó en todos los partidos eliminatorios (octavos, cuartos, semifinles y final) y guió a sus compañeros con más fuerza y pasión que nunca. El Messi discreto que se había visto en años anteriores dio paso a un Leo desencadenado que se lanzó a por la copa desde su primer día en Doha.

La fe del grupo

El grupo de jugadores argentinos fue el más compacto de los 32 que aterrizaron en Doha para disputar el torneo. Argentina se recluyó en sus instalaciones de la Universidad de Qatar -no hubo entrevistas individuales y muchos de sus entrenamientos fueron cerrados- y supo aprovechar el impulso emocional que había supuesto ganar la Copa América en Maracaná un año antes.

Argentina perdió su primer partido, ante Arabia, pero nunca dejó de creer: sus jugadores construyeron un bloque muy sólido, sin fisuras, en ocasiones buscando incluso enemigos exteriores para hacerse más fuertes -ocurrió con Van Gaal, por ejemplo- hasta alcanzar la victoria final.

‘Dibu’ Martínez

Hasta que Argentina conquisó la Copa América en Brasil, el portero argentino era un desconocido para el gran público. Formado en la cantera de Independiente, no llegó a debutar en Primera en su país porque se fue muy joven al Arsenal. «Tenía que ayudar económicamente a mi familia y no podía decir que no a ese fichaje», reveló antes de la final Emiliano Martínez, apodado ‘Dibu’ por una serie de dibujos animados de su infancia.

Argentina – Francia | El paradón del Dibu Martínez | AFP

Excéntrico y a veces demasiado histriónico, especialista en provocar a los rivales en las tandas de penaltis, el ‘Dibu’ completó un gran torneo, con actuaciones decisivas en momentos críticos: una parada a bocajarro ante Australia en los octavos de final y otra en la final, ante Kolo Muani, en el minuto 120. Y obviamente, en las tandas de penaltis, primero ante Países Bajos y luego ante Francia.

Scaloni

Llegó al cargo de manera interina, como un remedio de entretiempo, pero acabó llevando a Argentina a la mayor gloria posible: campeón de la Copa América y del mundo.

No podía haber encontrado esta selección a un técnico más adecuado: a sus 44 años, sin apenas experiencia como entrenador, hizo frente a las críticas iniciales con naturalidad y cordura (se le reprochaba su falta de currículum) y fue el contrapunto perfecto al torrente emocional en el que siempre vive instalada la selección argentina.

El ex jugador del Deportivo, Racing y Mallorca, residente en Baleares, supo enfriar los ánimos cuando la temperatura subía, pero también pisar el acelerador emocional cuando el panorama invitaba a ponerse pasional. Scaloni fue la brújula ideal para un grupo de jugadores dispuestos a todo por ganar el trofeo, el capitán tranquilo que supo manejar el entorno -nunca es fácil hacerlo en Argentina- con una soltura encomiable. Quién sabe qué hubiera sido de Argentina en Qatar con otro tipo de entrenador.

La afición

Desde el minuto uno del torneo quedó claro en Doha que el Mundial de las aficiones lo ganaría Argentina: ninguna otra selección, ni siquiera Brasil, movilizó a tanta gente. Las calles de Doha fueron albicelestes por obra y gracia de los miles de aficionados argentinos que viajaron a Qatar no solo desde su país, sino desde cualquier punto del globo.

Pero también porque Argentina -el efecto Messi- sedujo a las primeras de cambio a los seguidores teóricamente neutrales: los residentes en Qatar -muchos de ellos emigrantes indios, pakistaníes o nepalíes, por ejemplo- se sumaron a la causa argentina sin dudarlo. Esa combinación creó un ambiente mágico, que se trasladó a los estadios. Los cánticos de los argentinos, repetidos de manera incansable, ya forman parte de la historia del torneo.

Los escuderos de Messi

El ’10’ acaparó todas las portadas tras los partidos de Argentina, pero obviamente, no ganó el Mundial en solitario: varios jugadores argentinos rayaron por encima de lo esperado: destaca el buen rendimiento del joven Julián Álvarez, debutante en un Mundial y autor de goles clave.

Supo entenderse con Messi, complementar al ’10’ y poner siempre en apuros a la defensa rival. También otro joven, Enzo Fernández, se destapó en Qatar. Obtuvo el premio al mejor joven del torneo gracias a su rendimiento siempre fiable.

Más allá de Julián y de Enzo, cabe apuntar la seguridad que transmitió De Paul, las apariciones de Di María en momentos clave o la seguridad de Romero en la defensa. Mac Allister, jugador del Brighton, lejos del radar del gran público, también cuajó un buen Mundial y ayudó a sostener a su selección en momentos decisivos.



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